Hay muchas cosas a considerar cuando preparamos una presentación, no importa si solo dura unos pocos minutos, es un taller de varias horas o una presentación profesional ante nuestro equipo de trabajo. En esta ocasión, algo referente a los 3 momentos del tiempo de una exposición: antes, durante y después.

Antes

Aunque se puede improvisar a la hora de hacer una presentación en público, ese no suele ser el mejor sistema si quieres hacer una exposición con muchas posibilidades de que impacte. Así que si no quieres improvisar, tendrás que preparar con antelación la información que quieres transmitir. En otro post anterior os hablaba sobre definir con claridad el objetivo de vuestro discurso, y ahora voy a hablaros de:

Estructura

No hay nada más desconcertante que una cierta cantidad de información inconexa presentada con nerviosismo.

Para evitar que a nuestra audiencia no le queden ganas de volver a escucharnos conviene darle a nuestro texto una estructura clara y organizada, con una introducción con la que atrapemos su atención, una parte central donde desarrollaremos nuestro tema y una conclusión que cierre nuestro discurso.

Esto tiene varias ventajas: lo recordaremos mejor (si podemos evitar llevar notas, mejor) y nuestra audiencia la comprenderá y recordará con más facilidad; sentiremos confianza en nosotros mismos,  la transmitiremos en nuestro mensaje y eso será lo que van a percibir.

Si además utilizamos alguna ayuda visual (power point, por ejemplo) hemos de ser muy cuidadosos para que sea realmente un apoyo  y no una fuente de distracción. Abundan las presentaciones con demasiadas diapositivas y demasiado texto, y esto no resulta de ayuda en absoluto.

Durante

No disculparse

¿Nunca has visto disculparse a un orador?

“Uy, lo siento, estoy algo nervioso” o bien “Vaya, se me ha olvidado lo que iba a decir”

Pues eso justo es no lo que hay que hacer. Aunque estemos nerviosos (el miedo escénico es uno de los miedos más comunes y temidos), no hay ninguna necesidad de explicárselo a quien nos escucha. Estarán más atentos a nuestros fallos y nosotros aún nos sentiremos peor. Así que si te sientes así en cualquier momento de tu presentación, respira hondo, mantén la calma y verás como enseguida te encuentras mejor.

Aunque todos nos podamos sentir así  las primeras veces en que hemos de hablar en público, la práctica hace que ese nerviosismo vaya paulatinamente disminuyendo.  También lo reduciremos si sabemos bien qué queremos decir, cómo vamos a hacerlo y estamos seguros de que todo funciona a la perfección (el proyector, las instalaciones, etc.), es decir, hemos llevado a cabo la preparación necesaria.

Si te ocurre que te quedas en blanco, no lo digas. Cuando nuestro discurso desaparece de nuestra mente podemos sentir unos segundos de pánico (si nos hemos aprendido todo de memoria o estamos muy nerviosos, por ejemplo) Nuestra audiencia no sabe lo que vamos a decir. Solo nosotros lo sabemos, así que es preferible quedarse callado unos segundos e improvisar sobre nuestro tema hasta que las ideas de nuevo fluyan como estaba previsto. La mayor parte de las veces, la audiencia no llega a enterarse, así que no se lo digamos nosotros.

Después

Feedback

Ya pasó el momento difícil. Hemos desarrollado nuestra presentación lo mejor que hemos podido y tendremos una opinión acerca de cómo lo hemos hecho pero, ¿cuánto podríamos mejorar y aprender si supiéramos qué impresión han recibido nuestros oyentes? Si conocemos a alguno de ellos, podemos pedirles que nos digan qué les ha parecido, cómo se han sentido y si les ha resultado útil la información que les hemos hecho llegar. Nosotros mientras desarrollamos la presentación no nos damos cuenta de todo lo que ocurre, y no sabemos cómo llegamos hasta ellos. En la mayoría de las ocasiones obtendremos interesantes puntos de vista que podremos tomar en consideración para nuestras siguientes exposiciones. Pero aún así, ¡cuidado! hemos de tomarlas como lo que son: los juicios de otras personas de las que desconocemos en qué se basan para tenerlos. Y como juicios que son, podemos discrepar.

Otra posibilidad es grabar la exposición y verla a posteriori para analizarla y ver qué mejoras se pueden llevar a cabo.

El hecho de que en los talleres y otras presentaciones nos presenten a menudo un cuestionario para dar nuestra opinión al terminar  es otra forma de evaluación. Pero cualquiera que sea el formato, esa información es sumamente valiosa.

Puede que estés pensando que hay muchas cosas a considerar, y es cierto. Hablar en público con soltura, llegar al público y que nuestras ideas les calen e impacten conlleva trabajo, dedicación y pasión por lo que hacemos.

Como dijo Helen Hayes,

“ Todo experto fue una vez principiante”

Espero que hayas encontrado interesantes estas ideas.  Si te surge alguna duda, o necesitas ayuda para preparar tu presentación, contáctame.

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