Faltaban 5 minutos para el comienzo y creía que el corazón iba a dar un salto y salirse fuera del pecho. Las manos me temblaban (y hasta creo que las piernas!) mientras intentaba releer por última vez antes de salir al ruedo las palabras que iba a pronunciar en el congreso al que me habían invitado para dar una ponencia.

Aunque una vez terminada aún seguía en pie, aquello había sido una especie de tortura, además de uno de los retos más importantes de mi vida.

Como a mí me ocurrió entonces (de esto ya hace unos cuantos años), a buena parte de los mortales les resulta muy difícil ponerse delante de una audiencia y hablar con fluidez.

Es la emoción primitiva del miedo que atenaza nuestros sentidos y nos hace que nos suden las manos, el corazón se acelere como el AVE y tengamos un nudo en la garganta que nos haga dudar si seremos capaces de articular ni una sola palabra (cualquiera diría que tenemos pisándonos los talones un león que pretende convertirnos en su almuerzo!)

Por si esto no fuera suficiente, nos dedicamos a mantener una conversación con nosotros mismos a menudo, nada productiva: “no voy a ser capaz de hacerlo”,  “seguro que me quedo en blanco”, ” si no les interesa lo que les digo, a lo mejor me abuchean”. ¡Hay que ver que resistencias más potentes tenemos en nuestra mente!

Aún así, otras muchas personas ni siquiera llegan a plantearse la posibilidad de hacerlo, ya que creen que simplemente, NO PUEDEN. Que no tienen el “don” necesario para ello, que no saben cómo.

No cabe duda que hay personas a las que parece que les resulta más sencillo, porque cuentan con unas habilidades que traen “de fábrica” que ayudan y mucho a pasar mejor este trago. Esto solo quiere decir que hay quien cuenta con otras habilidades diferentes, y que implicará poner un poco más de esfuerzo para hablar en público con facilidad.

Y ¿qué se puede hacer para conseguirlo?

Te dejo aquí un par de ideas:

 

  1. Prepara adecuadamente tu discurso. No es buena idea lanzarse a hablar delante de otras personas sin antes haberlo preparado a conciencia. Piensa con qué objetivo lo haces y qué quieres transmitir, ya que depende de la claridad que tengas respondiendo a estas preguntas, tu público se llevará un mensaje u otro. Y mejor que se lleve el que tu quieras, que no uno poco definido o que no se ajuste a lo que quieres.
  2. Practica. Como dice el refranero español, “la experiencia es la madre de la ciencia”. Es decir, que la mejor forma de hablar en público, y hacerlo bien, es la práctica.  Y repetirlo hasta que te sientas cómodo/a con él.  Delante del espejo, de tu madre, un sufrido amigo o una cámara, cualquier método de ensayo mejor tus habilidades. Y siento mucho decirte que no sirve esperar a que el miedo se te pase. Porque no desaparecerá. Con la práctica tu lo verás y percibirás muy distinto, ya que no te paralizará ni te provocará esos sudores y nudos de los que hablaba al principio, sino que será un estímulo para hacerlo cada vez mejor.

 

¿Quieres hablar en público con soltura? Pues eso es  posible. Regularmente escribiré más ideas que te ayudarán.

Como dijo Henry Ford el siglo pasado,  “Tanto si crees que puedes como si no, estás en lo cierto.” Y tenía toda la razón.

http://marinalatorre.com/curso-rompiendo-el-hielo/