¿Eres de los que sientes que 24 horas diarias no te son suficientes?

Bienvenido al club de los “notengotiempo”

Mal endémico donde los haya, nuestro bien más preciado, EL TIEMPO, parece que cada vez sea más escaso. Pero sigues teniendo 86.400  segundos, ó 1.440 minutos cada día, igual que hace 20, 200 ó 2.000 años.

De la misma manera que es muy valioso para nosotros, también lo es para los demás. Los mismos segundos y minutos para todo el mundo.

Pero a veces no nos damos cuenta, y nuestras neuronas espejo, aquellas que nos permiten sentir lo que los demás sienten (eso que llaman empatía), parece que se han ido de vacaciones.

Y resulta que traspasamos la barrera del respeto, y aquí no pasa nada.

Es lo que ocurre con la impuntualidad.

Muchas personas creen que estar sumamente atareados les justifica cuando llegan tarde a sus citas, cualquiera que sea su género (personales o profesionales), pero eso no es cierto. El hecho de que la otra persona no les ponga problemas no quiere decir que no les moleste. Puede que nosotros estemos faltos de tiempo, pero el de la persona que espera es tan valioso como el nuestro. Aunque sea nuestra bendita madre, que aguanta con todo.

 

Lo mismo ocurre cuando no respetamos los horarios.

Hace muchos años, cuando trabajaba en una imprenta, oí que alguien llamaba a la puerta : una pareja quería entrar. No podían ya que la puerta estaba cerrada con llave (eran más de las 8 de la tarde y el horario comercial había llegado a su fin)

A pesar de ello, fui a la puerta, abrí, y les pregunté qué querían (podía ser algo rápido, y no me causaba problema). Querían ver invitaciones de boda -lo que solía llevar mucho tiempo, eramos especialistas y teníamos gran variedad de catálogos- y les dije que no podía ser, que tendrían que volver cuando la tienda estuviera abierta. Cual fue mi sorpresa cuando ví que montaban en cólera por lo que les dije!

Intenté explicarles que no me era posible, que tenía otras responsabilidades que atender, pero no me escucharon. Se fueron con su enfado y nunca más volvieron.

Y lo mismo sucede cuando hablamos en público.

Es sumamente importante ajustarnos al tiempo que dispongamos para nuestro discurso, clase, conferencia, presentación o cualquier modalidad que utilicemos.

Se trata de puro respeto hacia los demás, que han decidido acudir a escucharnos, y lo que quiera que venga detrás será importante para ellos.

Utiliza bien tu tiempo. Al menos, dedica 15-20 minutos de los que dispones cada día para planificar de manera realista en qué lo vas a emplear de la mejor forma posible. Notarás la diferencia.