
Cuando un lugar ya no me contiene
Una reflexión sobre los momentos en los que el cuerpo pide expansión antes que forma
Vuelvo a sentirlo de nuevo.
He estado un tiempo en un lugar que ahora ya no me contiene.
El espacio se me ha quedado pequeño.
Cuando el cuerpo dice basta
Durante un tiempo me costó ver que no había nada erróneo en ello.
Que no había un fallo.
Que todo estaba siendo exactamente como tenía que ser.
Con el paso del tiempo entendí que habitar ese lugar hasta que urge salir de él era necesario.
Fue una etapa con sentido, una verdad que pasó a formar parte de mí.
Hoy sé que, gracias a todos esos lugares de los que salí, soy quien soy.
Un patrón que se repite
Esto ya me ha pasado antes.
Cada vez que intento adaptarme a un molde en el que ya no quepo, la señal es la misma.
El cuerpo reacciona con claridad:
– comienza a contraerse; los músculos se acortan y la espalda duele
– el pecho se vuelve más estrecho y la respiración, más superficial
– aparece una sensación persistente de estrechez, de no caber
Ya no hay espacio.
Ya no puede contener mi verdad.
Este es mi patrón vital.
La necesidad de expansión interna
Al reconocerlo, surge una necesidad real de expansión.
En primer lugar, una expansión mental y espiritual.
Todo comienza en un nivel profundo, sutil e intuitivo. Ahí es donde me siento en casa.
En ese espacio interno puedo respirar, encontrar calma y volver a llenarme de energía.
Más adelante, llegará la forma externa.
Encontraré la manera de mostrar mi mundo y de comunicar desde palabras que nazcan de dentro y me representen de verdad.
Ya no puedo sostener estructuras pequeñas ni limitantes.
Ni quiero seguir hablándome —ni hablándole al mundo— desde un lugar que me contrae.
Con cariño

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