
El día que dejé de buscar la versión definitiva de mí misma
En el mundo del desarrollo personal aparecen por doquier consignas y preguntas que a veces, dejan huella.
Estoy casi segura de que habrás visto publicado u oído de alguien esta pregunta: ¿en quién te quieres convertir?
Y entonces tu mente probablemente habrá creado una imagen donde tú apareces algo más alta, más guapa, vestida con estilo, exitosa, poderosa… la misma imagen, hombre o mujer, cambia poco.
Se instala la creencia de que puedes ser mejor de lo que eres, que has de cambiar tu aspecto, tu forma de hablar, tu carácter, tu manera de pensar… vamos, un cambio fundamental. Entonces empiezas a buscar qué puedes hacer para llevar a cabo esta empresa: convertirte en la mejor versión de ti misma.
Esperas llegar a un destino que prometen te dará la felicidad y el éxito.
La búsqueda de la mejor versión
Ahí estuve yo durante mucho tiempo. El coaching me atrapó, y al estudiarlo, me dio la vuelta como a un calcetín. Otras muchas experiencias que vinieron después reforzaban la idea: quitar limitaciones, deshacerse de creencias, superar tus límites y otras muchas cosas que me hacían pensar que estaba en el buen camino.
Incluso tuve un tiempo una foto con un texto al lado para recordarme quién quería llegar a ser.
Cuando la identidad se disolvió
Pero hubo un momento en que esta construcción mental que me había hecho dejó de tener sentido.
Estaba en un proceso de cambio interno que hacía tambalear mis cimientos. La identidad sobre la que había basado mi vida se disolvía, y me dejaba en el aire, sin más referencias. No quedaban etiquetas ni podía definirme. Y recuerdo haberme visto en una imagen mental al borde de un precipicio. Inusitadamente me sentía con una calma fuera de lo común, a pesar de la incertidumbre.
Ese nuevo lugar interno al que me trasladé trajo, entre muchos cambios, éste: ya no quería convertirme en ninguna otra persona, porque yo ya soy quien soy, con todo lo que necesito. Todo está dentro, no hay nada que buscar fuera.
Así que desde ese momento, dejé de buscar la versión definitiva de mí misma. Ya lo era.
El proceso en el que estoy ahora
Reconocí que para que todo lo bueno y bello que hay en mi interior se muestre, he de quitar todas esas capas que lo cubren. Y ese es el proceso en el que ahora me encuentro.
Poco a poco va tomando forma externa todo lo que se transforma, solo que sin empujar, ni forzar ni interferir: la vida se despliega por sí sola.
Un abrazo bonito

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