
¿Cuánto de lo que estás viviendo está ocurriendo realmente?
Hoy toca comida familiar. De vez en cuando nos juntamos todos, disfrutamos comiendo y bebiendo. Como siempre, la sobremesa se alarga, así que pasamos un día estupendo.
Pero ha ocurrido algo a lo que aún le doy vueltas: mi padre ha hecho un comentario que no parecía especialmente importante en ese momento. Pero a partir de ahí, mi cabeza no ha parado.
A medida que pasa el tiempo, me hago más preguntas:
¿Qué habrá querido decir?
¿Por qué me habrá dicho eso?
¿Lo habrá dicho por mí?
¿Estará insinuando algo?
Y horas después aquello ocupa mucho más espacio que la frase original.
Alguien dice algo que, en principio, no parece tener demasiada relevancia. Pero a partir de ahí, empieza a ocurrir algo más.
Cuando una frase sigue creciendo
La mente hace una lectura de lo que ha escuchado y empieza a añadir significados que no estaban en el comentario mismo. En esa lectura pueden intervenir experiencias previas, aquello que damos por hecho, nuestros temores, expectativas o formas habituales de interpretar determinadas situaciones.
Todo este recorrido puede formar parte de un mecanismo mental que se activa de manera automática.
El resultado de este proceso puede acabar bastante lejos del comentario que escuchó. Mientras tanto, los pensamientos que se van generando empiezan a producir un malestar que unas horas antes no estaba ahí.
Esta situación es muy frecuente, probablemente mucho más de lo que pensamos.
Todos los días se construyen historias parecidas en nuestra mente a partir de situaciones que vivimos: en nuestras relaciones, en el trabajo o en cualquier otro ámbito.
Lo que la mente añade
El asunto es que gran parte de este mecanismo puede producirse automáticamente, sin que nos demos cuenta de lo que está ocurriendo. Sucede algo (oímos una frase, leemos algo, vemos un gesto) y, a partir de ahí, la mente empieza a interpretar, completar información y sacar conclusiones.
Y esas conclusiones no se quedan necesariamente en nuestra cabeza.
Pueden intervenir en la opinión que nos formamos sobre alguien o sobre una situación, en cómo respondemos, en lo que hacemos y también en lo que dejamos de hacer.
Y entonces me aparecen dos preguntas:
¿Cuánto de lo que estamos viviendo está ocurriendo realmente?
¿Cuánto influye todo esto en cómo construimos la realidad que vivimos?
Un abrazo

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