
Cuando dejas de empujar
¿Y si las cosas se ordenan solas?
Cuando miro hacia atrás veo ideas que, a pesar del paso de los años, se han mantenido frescas en la mente.
Proyectos que, por una u otra razón, no han llegado a pasar.
Pero lo que me sorprende al observar lo que ha ocurrido en los últimos seis meses, es que varios de esos proyectos encontraron su lugar sin ser forzados.
¿Y cómo ha sido eso?
Soy una persona a la que le ha gustado planificar, tener objetivos, vislumbrar un rumbo que seguir. A menudo, con cierta presión interna autoimpuesta:
«Tengo que cumplir lo que hay para hoy en mi agenda, sí o sí.»
«Si no publico esta semana, será un desastre.»
«He de sacar adelante lo que me he propuesto.»
Y aun teniendo el tiempo acotado, los planes, las acciones hechas y la ilusión de que se llevara a término… no se cumplían.
Otro año más con esas construcciones mentales que no llegaban a ningún sitio.
La pausa que no parecía una pausa
Pero a veces la vida te saca de donde estás, de manera sutil y en silencio. Era el último trimestre del año, y llegaron los cambios internos.
Uno tras otro se sucedían, y no encontré mejor manera de gestionarlos que sentir qué me estaba pasando.
Comprendí que lo mejor que podía hacer era tomar una pausa consciente.
Mi mundo interno había hecho un movimiento, un pequeño desplazamiento. ¿Qué iba a pasar a partir de ahora?
Podría parecer que estaba abandonando mis sueños, mis objetivos… pero no. Esto iba a ser una pausa activa, aunque en ese momento yo no lo sabía.
Me encontraba en un lugar interno distinto, y necesitaba tiempo para emplazarme en ese nuevo lugar.
Lo que apareció cuando dejé de empujar
Algo más tarde empecé a recomponer el día a día, y me di cuenta de que la presión interna que había sido el motor de mis acciones, había desaparecido.
¿Cómo se supone que puedo avanzar entonces? Nada de forzar, nada de empujar.
Y sin embargo, no estaba cruzada de brazos: seguía haciendo cosas a mi ritmo, según lo que mi corazón pedía.
Y surgió el podcast. No sabía muy bien cómo lo enfocaría, pero lo puse en marcha. ¿Cómo podía haberlo retrasado tanto tiempo?
Algo parecido ocurrió con este blog. Mil veces intenté ser constante, porque me encanta escribir. Empezaba, escribía dos artículos, y luego largo silencio.
Sin embargo, empecé a escribir cada semana. Y aquí seguimos.
O el proyecto Mente Resuelta.
Ideas que habían estado años en la mente sin materializarse, tomando forma en pocos meses.
Lo que he descubierto
Cuando dejas de empujar, las cosas se ordenan solas.
Cuando dejas de forzar, algo se aparta a un lado —las creencias, los juicios, las interpretaciones que se interponen entre lo que sueñas y lo que se convierte en realidad— y el camino aparece.
No porque hayas dejado de querer. Sino porque has dejado de obstruir.
¿En qué parte de tu vida llevas demasiado tiempo empujando?
Un abrazo ligero

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