Camino que se bifurca

¿Terminar o seguir? Quizá no sea todavía la pregunta

Tu relación hace aguas

Ya hace un tiempo que las cosas no van bien y, después de muchas vueltas, cada vez estás más convencido de que la única solución es terminarla.

Hay cosas de tu pareja que no te gustan y te chirrían constantemente, a veces hasta llegar a la crispación. Y ahora ya empieza a urgirte tomar una decisión.
Lo primero que piensas es que no quieres seguir así, que estarías mejor solo, que estáis siempre con lo mismo. Y acuden a tu mente otras “poderosas” razones que apoyan la idea de zanjar este asunto: otras cosas que no te gustan, los problemas que tenéis ahora y también los de antes.

Pero no estás seguro porque, obviamente, también habéis vivido cosas buenas y eso también pesa.

Cuando las opiniones de los demás entran en juego

Así que comienza la ronda de preguntas a tu entorno. Pides consejo a tus amigos, compañeros o familiares, esperando que te den la claridad que no tienes, porque ahora ya te corre prisa resolver esta incómoda situación.

Pero eso no sucede. Si antes no lo tenías claro, ahora menos.

Cada uno te da su punto de vista, y es muy lícito, porque es suyo. Unos se inclinan por que termines la relación, otros por que continúes. Otros tienen menos idea que tú.
Pero convendría preguntarse de dónde salen esas opiniones.

No vemos el mundo como es, lo vemos como somos nosotros.

En general, no somos muy conscientes de que las opiniones que construimos tienen un trasfondo importante de la persona que está hablando.
Nuestra experiencia, lo que hemos aprendido, nuestras creencias, nuestros miedos, nuestros valores y muchas otras cosas actúan como filtros desde los que interpretamos lo que vemos.

Así que esas opiniones, aunque puedan parecernos muy razonables, tienen poco de objetivas: contienen la impronta de la persona que las expresa.

Escuchar otras miradas sin entregar la decisión

La cuestión aquí es: ¿qué haces tú ahora con lo que te dicen?

¿Sigues alguno de esos consejos? ¿No sigues ninguno? ¿Tomas en consideración una idea opuesta a la que tú tenías y extraes de ella aquello que te ayude a contrastar tu punto de vista y construir tu propio criterio?

Porque escuchar otras miradas puede ampliar lo que ves.
Otra cosa es entregarles la decisión.

Quizá haya otras posibilidades que ahora no estás contemplando: mantener una conversación necesaria que todavía no ha tenido lugar; escuchar qué tiene que decir la otra persona; hacerte otro tipo de preguntas; formular una petición concreta; revisar qué está ocurriendo realmente entre vosotros.

¿Desde dónde estás intentando decidir?

Y quizá ahí aparezca una pregunta anterior incluso a “¿termino o continúo?”:

¿Desde dónde estoy intentando tomar esta decisión?

¿Desde la crispación?
¿Desde el cansancio?
¿Desde la urgencia por dejar de sentirme así?
¿Desde lo que otras personas consideran que debería hacer?
¿Desde algo que llevo tiempo viendo y que ya no quiero seguir sosteniendo?

No se trata de encontrar un punto de partida perfecto desde el que decidir.
Se trata de reconocer qué está interviniendo en la respuesta que estás a punto de dar.

Porque cuando haces visible desde dónde estás mirando una situación, también puedes revisar qué estás dando por cierto, qué posibilidades estás dejando fuera y qué parte de lo que parece evidente quizá necesita ser cuestionada.
Y desde ahí puede aparecer algo de margen.

No necesariamente para conservar la relación.
Tampoco para terminarla.

Sino para que, hagas lo que hagas, la decisión no sea simplemente la salida más rápida de una situación que se ha vuelto incómoda.

Recuperar margen para decidir y actuar

A veces, cuando una situación se complica, no necesitamos más opiniones, sino un espacio para revisar lo que está ocurriendo y recuperar margen para decidir y actuar. Ese es uno de los lugares desde los que puede empezar A tu lado, mi proceso de acompañamiento individual.

Si quieres saber si puede encajar con lo que estás viviendo, puedes escribirme.

Un abrazo

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