Historias que parecen reales, hasta que las ves y dejan de atraparte

La historia vuelve, pero ya no atrapa

Hace poco me di cuenta de algo en mi mente que me resultaba familiar, y aunque no pasa a menudo, a veces aparece.

Es una vieja historia que me he contado durante años y salía de nuevo a la palestra, pero enseguida le vi el plumero, así que le dije: no, esta vez no me vas a enredar.
«No sé qué haces aquí todavía coleando, porque ya no tienes espacio en mi vida.»

Durante años sentí que estaba “detrás de la mata”, sin mostrarme mucho, especialmente en redes sociales, porque no me sentía cómoda haciéndolo. Lo mejor de todo es que no había motivo para ello: soy una mujer sociable, dispongo de herramientas de sobra para comunicarme, y tengo temas para dar y vender. Y aún así, evitaba exponerme más de lo que me hubiera gustado.

Hace un tiempo las cosas cambiaron: me sentía mejor cuando publicaba cualquier cosa, empecé a escribir periódicamente en este blog (cosa que había intentado muchas veces, y no logré nunca) e incluso, abrí un podcast. Estaba siendo visible.

Y en estos días atrás vuelve de nuevo la historia. Pero ahora, la reconozco y no le dejo que me influya.

No permito que la mente me enrede, porque eso es lo que hace en cuanto me despisto.


Hay veces que enreda tanto, que se convierte en un murmullo constante: parlotea, suelta juicios a diestro y siniestro, y campa a sus anchas como si fuera el centro de atención. Parece que lleva la batuta, dirigiendo la vida cual director de orquesta, y nosotros, ni nos percatamos.

Quedamos a merced de los pensamientos que circulan por nuestra mente, sin prestarles mucha atención, a pesar de que estén dirigiendo nuestra vida.
Ahí estaba yo, hace unos años: rumiante, encorsetada, dependiente.

Cuando empiezas a ver qué es lo que contiene tu mente, aparece otro mundo: la parte que tiene visible, a la que se puede acceder cuando paras y observas.

Allí conviven a sus anchas las interpretaciones que hacemos de la vida, los juicios y las creencias instauradas con mayor o menor profundidad y que son el timón que maneja el barco. Y repito: por regla general, no nos damos cuenta. Cuando eso se muestra, deja de aparecer automáticamente y se genera la posibilidad de revisarlo para ver qué es congruente con nosotros, y qué no. Qué nos es útil, y qué no. Qué nos representa y qué no.

Trabajar con la mente es toda una experiencia. Se adquieren herramientas que permiten reducir el trasiego incesante de pensamientos, desgranar el contenido y crear espacio donde antes solo había ruido.

Con cariño desenredado

Palabras que acompañan en procesos de transición vital
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