Vivir con incertidumbre sin tener todas las respuestas.

La tranquilidad de no saber

La necesidad de comprender

Soy de esas personas que durante muchos años pensó que comprender era la forma de avanzar.

Si algo me dolía, intentaba entenderlo. Si estaba confundida, intentaba entenderlo. Si sentía que algo estaba cambiando dentro de mí, buscaba la explicación correcta.
Había una confianza implícita en que cuando lograra comprenderlo del todo, podría estar en paz.

Con el tiempo me he dado cuenta de que aquella búsqueda no tenía que ver únicamente con la comprensión. También había en ella un intento de reducir la incertidumbre. Porque la mente parece funcionar así: cuando algo no encaja, cuando aparece una situación nueva o una experiencia difícil de nombrar, se pone a trabajar para encontrar una explicación que le devuelva una sensación de estabilidad.

Y es comprensible. Al ser humano nunca se le ha dado especialmente bien convivir con la incertidumbre. Nos gusta saber qué ocurre, por qué ocurre y, si es posible, qué ocurrirá después. Buscamos seguridad, y muchas veces la buscamos a través de la comprensión.

Cuando las explicaciones ya no alcanzan

Por eso la mente desarrolla todo tipo de estrategias para hacernos sentir que sabemos dónde estamos pisando. Interpreta, anticipa, clasifica, construye relatos. A veces esas explicaciones resultan útiles e incluso pueden sostenernos durante años.

Sin embargo, hay momentos en la vida en los que dejan de ser suficientes.

Esto es algo que he observado especialmente en los procesos de transición profunda. Cuando algo importante está cambiando por dentro, la incertidumbre aumenta. Las referencias conocidas empiezan a perder fuerza y la mente responde intensificando su actividad. Quiere saber qué está pasando, qué significa, hacia dónde conduce y cuánto va a durar.

Durante mucho tiempo pensé que esa necesidad de comprender era una señal de claridad. Ahora no estoy tan segura.

Hay un momento en algunos procesos de transición en el que descubres que la necesidad de entenderlo todo era también una forma de seguir intentando sostener el suelo que ya se estaba moviendo. Una forma de conservar lo conocido y de protegerte de la inseguridad que acompaña a cualquier transformación real.

Porque cuando cambia el lugar interno desde el que vives, entras en un territorio que todavía no puede ser comprendido desde las referencias antiguas. Lo nuevo aún no ha tomado forma y lo anterior ya no termina de servir. Es una especie de espacio intermedio en el que no sabes exactamente dónde estás ni hacia dónde te diriges.

Y, sin embargo, algo cambia.

La tranquilidad de no saber

No aparecen grandes certezas ni respuestas definitivas. Lo que aparece es una capacidad mayor para permanecer ahí sin necesitar resolverlo inmediatamente.
La incertidumbre sigue existiendo, pero ya no genera la misma urgencia. La falta de respuestas deja de sentirse como una amenaza constante.

Poco a poco dejas de buscar una interpretación para todo lo que ocurre. Dejas de convertir cada sensación en un problema que resolver y cada movimiento interno en algo que necesita ser analizado. También dejas de exigirle al proceso que te entregue conclusiones antes de tiempo.

Y entonces sucede algo que me sigue pareciendo sorprendente: lejos de aumentar la angustia, aparece una cierta calma.

No porque entiendas más, sino porque has dejado de necesitar entenderlo todo.
La comprensión sigue teniendo valor, porque sigue ayudando a ordenar experiencias y a dar sentido a muchas cosas. Pero deja de ocupar el lugar que antes ocupaba y ya no es la condición necesaria para sentirte segura ni para poder avanzar.

Quizá una de las transformaciones más profundas consiste precisamente en eso: descubrir que la vida puede seguir desplegándose incluso cuando todavía no sabes explicarla.

A veces pensamos que la tranquilidad llegará cuando tengamos todas las respuestas.
Mi experiencia está siendo justamente la contraria.
Y, curiosamente, muchas de las personas que acompañan mis procesos están descubriendo algo parecido en sus propias transiciones.

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