Personas en una reunión de equipo

Lo que damos por hecho también construye realidad

Imagina un equipo en el que se ha instalado la idea de que una de sus integrantes es una persona conflictiva.

Quizá hace tiempo cuestionó una decisión, expresó un desacuerdo o tuvo un enfrentamiento con alguien. No sabemos exactamente cómo ocurrió.
Pero sí lo que ha pasado desde entonces. Hay una frase que circula entre sus compañeros: «Con ella siempre hay problemas».

A partir de ahí, pueden pasar muchas cosas.

Cuando interviene en una reunión, sus palabras se reciben con cierta prevención.
Si hace una pregunta, alguien puede entenderla como una crítica. Si plantea una dificultad, quizá se interpreta que vuelve a poner obstáculos.
Puede que algunas personas empiecen a evitar determinadas conversaciones con ella, e incluso procuren no coincidir para no entrar en conflictos.

Lo que creemos empieza a influir en cómo actuamos

Es decir, no nos limitamos a pensar que esa persona es conflictiva. Podemos empezar a escucharla de otra forma, anticipar problemas, excluirla de encuentros o conversaciones e interpretar sus intervenciones desde esa expectativa.

Lo que creemos sobre ella empieza a influir en nuestra manera de relacionarnos con ella.

Pero la dinámica no termina ahí.
Ella también recibe esas respuestas y puede empezar a modificar su forma de actuar.

Quizá reduzca su participación en las reuniones porque siente que, diga lo que diga, se lo rebaten por sistema. Puede que empiece a mostrarse a la defensiva o que responda con más contundencia cuando percibe que sus intervenciones vuelven a interpretarse negativamente.
O quizá ocurra algo completamente diferente.

Lo importante es que su respuesta también puede estar influida por la manera en que los demás se están relacionando con ella.
Y, con el paso del tiempo, puede que el equipo encuentre en algunas de esas respuestas una confirmación de lo que ya pensaba:
«Con ella siempre hay problemas».

Pero yo pregunto:

¿Cuánto de esa dinámica pertenece a cómo es esa persona y cuánto se ha ido construyendo en la relación?

No estoy diciendo que aquella primera impresión fuera necesariamente equivocada ni que la persona no tenga responsabilidad sobre sus propias respuestas.

Lo que me interesa es que una idea sobre alguien puede empezar a influir en cómo nos comportamos con esa persona. Y nuestras respuestas pueden pasar a formar parte de la situación que después utilizamos para confirmar aquella idea.

Cuando una idea se convierte en algo incuestionable

Una cosa es que alguien diga «creo que esta persona suele generar conflictos». Otra es que todo el equipo empiece a funcionar como si «esta persona es conflictiva» fuera un hecho incuestionable.

En ese desplazamiento hay algo importante.

Puede que nadie haya decidido expresamente relacionarse con ella de esa manera. Quizá ni siquiera se dan cuenta de que lo están haciendo. La idea se ha instalado, se ha dado por cierta y ha dejado de cuestionarse.

Esto no ocurre únicamente cuando hablamos de una persona.
A veces es ridículamente sencillo que se instalen ideas en un equipo, un grupo o un colectivo acerca de quién tiene capacidad para qué, a quién merece la pena escuchar, qué conversaciones conviene evitar o qué cambios «aquí nunca funcionarían».

Y para nada digo que sean necesariamente ideas equivocadas.
Pero cuando dejan de examinarse, puede que sigan influyendo en las decisiones y relaciones sin que nadie se pregunte qué parte de la realidad actual están contribuyendo a producir.
Aquello que se da por hecho empieza a intervenir en lo que ocurre.

¿Qué estamos construyendo con aquello que damos por hecho?
💫Quizá te resuene también

Si crees que puede servirle a alguien, puedes compartirlo.