
Lo que se ve desde lejos
Vivimos en un espacio y un tiempo en el que hemos creado una rutina de vida, en la que nos movemos con cierta facilidad mientras los años pasan.
De vez en cuando, al pararnos y mirar alrededor, vemos que el tiempo ha pasado casi sin darnos cuenta, y no hemos visto los cambios graduales que van transformándonos sin anunciarse.
Seguimos en el día a día, y en el año tras año. Un día, al mirarnos en el espejo, vemos a esa persona a la que se le nota el paso del tiempo, y que apenas habíamos percibido hasta entonces. Señales visibles de lo ineludible del transitar por la vida.
Y lo mismo pasa con los demás. Ves cómo tu entorno, las personas que tu conocías muestran que el tiempo no pasa en vano para nadie.
¿Qué ocurre cuando te trasladas a otro lugar durante un largo periodo?
Pues que cuando vuelves, ves lo que quizás quienes se quedaron, aún no ven.
Hace años me mudé a otra ciudad, y más tarde, a otro país. Muchos cambios que ampliaron mi visión del mundo y forjaron la persona que soy hoy.
Cuando vives fuera ocurre una desincronización del ritmo cotidiano de los tuyos que, aunque al principio pudo sentirse como distancia, se fue convirtiendo en perspectiva.
El espacio entre una visita y otra, y todo lo que ocurre en el mundo mientras tanto (pandemias que te alejan aún más, seres queridos que ya no estarán cuando vuelvas, los lazos con otras personas que se estrechan, y los que se aflojan) van cambiándote por dentro, e igualmente, por fuera.
Esa distancia genera por si sola una mirada muy particular, si dejamos a un lado la nostalgia o cualquier atisbo de superioridad. Puedes ver puntos de vista que para otros, por estar viviendo las situaciones desde dentro, son transparentes. Igualmente, reconoces que la vida avanza, y nos lo hace notar.
La distancia espacial me enseñó a ver el mundo de otra manera, a apreciar lo que no fui capaz mientras estaba, a relativizar lo que parecía imposible.
Y con el tiempo he ido entendiendo que la distancia emocional hace algo parecido: también permite ver lo que desde dentro resulta invisible. Pero eso merece su propio espacio.
Un abrazo cercano

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