Persona sentada al final del día con expresión de cansancio mental, mirando al vacío

El ruido mental que no ves pero te cansa

Llega el final del día y estás agotado. Cuando por fin te sientas un momento, piensas: ¿Pero qué he hecho hoy para sentirme tan cansado?

No ha sido un día especial, sino como todos. Revisas mentalmente lo que has hecho, y no crees que las responsabilidades, tus hijos o el trabajo puedan provocar ese cansancio que te acompaña cada día.

Llegas a la conclusión de que, aunque tu jornada ha sido ajetreada, realmente no justifica tu agotamiento.

El cansancio que no cuadra

Y es que muchas veces el cansancio no proviene de las cosas que haces, sino de lo que ocurre en tu cabeza.
Puede que lo que te esté agotando no sea tu día. Puede que sea el ruido mental que lo acompaña.

El ruido mental es como una radio que no para de sonar: pensamientos que se encadenan, se repiten, te explican, te anticipan, te juzgan…
Esas conversaciones internas son automáticas, y muchas veces ni nos percatamos de que están ahí.

Si te pasan algunas de estas cosas, puede que tú también lo sufras:

  • Tienes una necesidad constante de resolver algo internamente.
  • Hay situaciones que aparecen una y otra vez en tu cabeza.
  • Anticipas conversaciones o problemas futuros.
  • Mantenerte enfocado es un desafío.
  • Te sientes extenuado sin que haya una razón clara.

El problema no es pensar

Aunque podría parecer que el problema es pensar, en realidad no lo es. Pensar es natural, e inherente al ser humano.
El desgaste aparece cuando sigues automáticamente lo que la mente produce, sin darte cuenta de que lo estás haciendo.

Además, la mente genera continuamente interpretaciones sobre lo que ocurre, y muchas veces terminas viendo la realidad a través de ellas.
¿Y si te dijera que muchas veces reaccionas, decides y hablas en función de esas interpretaciones que has tomado por realidad?

Cuando se vuelve visible, algo cambia

No existe una forma de hacer que la mente deje de producir pensamientos. Tampoco es necesario. Pero sí hay cosas que podemos hacer.

Por ejemplo, no intentar eliminar los pensamientos. No suele servir de mucho. Lo que sí puede marcar una diferencia es observarlos: cuáles aparecen, cuáles se repiten, qué cosas das por ciertas que quizás no lo son. El primer paso que puede dar lugar a un cambio es hacer visible lo que pasa por nuestra mente.

A veces el ruido mental no se siente como ruido, sino como si fueses tú mismo. Precisamente por eso puede pasar desapercibido durante años.
El ruido mental no te cansa porque pienses mucho. Te cansa porque gran parte de esa actividad ocurre sin que llegues a verla.
Cuando se vuelve visible, empieza a perder fuerza.

Cuando el funcionamiento de la mente empieza a verse, algo cambia. No porque los pensamientos desaparezcan, sino porque dejan de ocupar todo el espacio.
Y ahí suele aparecer algo que muchas personas habían olvidado: más claridad, más espacio interior y menos desgaste innecesario.

Un abrazo visible

Palabras que acompañan en procesos de transición vital
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