
Saberlo no significa haberlo cambiado
Siempre me pasa lo mismo, y lo sé.
Digo que sí, aunque quisiera decir no.
Alguien me pide algo, y yo no quiero hacerlo, y a pesar de eso, accedo. Le digo que sí, aunque por dentro me escuche a mí mismo pensar: no lo hagas. ¡No digas que sí otra vez! ¡Si no quieres hacerlo!
Pero he respondido aceptando. Ha vuelto a pasar.
Este es un ejemplo cotidiano de que saber lo que ocurre no siempre cambia lo que haces. Puedes identificar algo durante años, y seguir respondiendo igual cuando vuelve a aparecer.
¿Cuántas veces has dicho que sí, queriendo decir no, aún sabiéndolo? Puede que muchas.
Para saber que esa reacción aparece sistemáticamente, primero uno tiene que pararse a verlo. Observar es un primer paso, y es fundamental: algo que hasta entonces ocurría casi sin que lo viéramos empieza a hacerse visible. Ahí podemos tomar consciencia de cómo estamos reaccionando y ponerle nombre. Pero verlo, reconocerlo y nombrarlo no significa que haya dejado de operar.
Cuando verlo no basta
Va a hacer falta algo más que ver que algo ocurre para responder de otro modo. Por ejemplo, darse cuenta de cómo opera esa reacción. ¿En qué situaciones ocurre? ¿En todas, o solamente algunas? ¿Te pasa con una persona en concreto, o con muchas?
A partir de ahí pueden empezar a aparecer preguntas. No para buscar una explicación rápida, sino para entender mejor qué está ocurriendo: en qué situaciones aparece, con quién, qué lo desencadena, qué estamos dando por hecho, qué tememos, qué esperamos evitar o conseguir…
Y mientras van apareciendo algunas respuestas, también pueden verse posibilidades que antes no se habían visto. Esto permite, en un momento dado, poder hacer algo con ello, y quizás con el tiempo, responder de otra manera.
Entender por qué tampoco garantiza el cambio
Podría pensarse que entender el “por qué” da como resultado un cambio. Pero no es así: puedes saber de dónde viene una reacción, reconocer cuándo aparece e incluso poder explicarla perfectamente. Y aun así, en el momento concreto, repetirla.
Hay cosas que podemos explicar perfectamente y seguir viviendo exactamente igual.
Es posible que el cambio deseado no se vea en un principio. Quizás sea visible la siguiente vez que te encuentres con algo parecido. Ahí se percibe si sigue funcionando de la misma manera, si hay más margen, o si aparece otra respuesta posible.
Saber es importante. A veces abre una posibilidad que antes ni siquiera veíamos.
Pero comprender algo no significa que ya haya cambiado. Y tomar consciencia de ello tampoco.
No deberíamos confundir comprensión con transformación.
Un abrazo

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