
Tu mente decide por ti sin que te percates
Ya hace un rato que has escrito, y no hay respuesta. Miras la pantalla del móvil, que no muestra nada nuevo. ¿Por qué no contesta?
Quieta, como inerte, vuelves a abrir la aplicación, y nada, no hay novedades de ningún tipo.
Así que decides ponerte con lo que estabas haciendo, a ver si te olvidas un rato, pero no puedes evitar comprobar una y otra vez tu teléfono. Nada.
Y empiezas a pensar: ¿Pero, qué pasa? Igual se ha enfadado conmigo. ¿He hecho algo mal? Otra vez con lo mismo, parece que no le importo mucho.
Cri, cri, cri. Silencio absoluto. La espera parece interminable y cada vez le das más vueltas.
Y se te ocurre que le podrías mandar otro mensaje: ¿todo bien?
O mejor, alejarte. Claro, dejar espacio y que corra el aire.
Y puede que aparezca el enfado: Pero ¿qué le pasa? ¿A qué está esperando?
De ahí a pasar varias horas pensando en lo ocurrido, dándole vueltas imaginando mil escenarios, intentando encontrar una explicación a ese mutismo, solo hay un paso.
Esto que acabas de leer no es la anécdota de un mensaje. Es una situación cotidiana que me encuentro con frecuencia. Es lo que ocurre más a menudo de lo que te imaginas, entre lo que pasa y lo que tu vives como si hubiera pasado.
Si traemos aquí de nuevo la situación anterior, podremos ver que hay un hecho: Tú has escrito a esa persona, y no te ha contestado.
Más hechos, no hay. A partir de ahí, lo que encontramos son interpretaciones: “se ha enfadado conmigo”, “hay algo que he hecho mal” ; creencias, como “no le importo” y algún juicio.
Esto, como otros relatos, mantiene patrones que se repiten una y otra vez. Por ejemplo, alguien te hace un comentario con un determinado tono, o alguien reacciona a uno tuyo, y se dispara toda una historia interna, a menudo antigua, pero que por lo visto, sigue vigente.
O simplemente, eres tu mismo juzgándote con dureza tras algo concreto.
En la mayoría de los casos aparecen mecanismos que no vemos y que están dirigiendo la forma en la que nos comunicamos, decidimos y nos relacionamos con el mundo.
Trabajar todos estos aspectos es el territorio de Mente Resuelta.
De un hecho a toda una historia
La mente, por su propio funcionamiento natural, va a hacer interpretaciones, valoraciones y a llegar a conclusiones de todas formas.
Ni aunque te empeñes, dejaría de hacerlo. Es lo que tiene que hacer, su cometido, así que ese no es el problema.
El problema es que no nos percatamos de lo que pasa ahí dentro, y rápidamente, nos enreda.
¿En qué consiste ese enredo?
Pues como decía antes con la escena del móvil, enseguida aparece un pensamiento interpretando la situación, y lo enganchas como si fuera cierto. Y probablemente, no lo es. Luego aparece otro, un juicio, y un par de creencias, y ya tienes la historia montada y enredada.
Mientras tú piensas que lo que dice tu mente es la verdad verdadera (de hecho, ni se lo cuestionas), resulta que te está contando un relato que ha fabricado sin que tú participes. Y esto condiciona tus acciones siguientes: le mandas un mensaje – que puede llevar o no retintin-, o pones tierra por medio, y ya contestará cuando quiera.
¿Cómo salir del enredo? puede que te estés preguntando.
Pues observando, viendo, parándote a ver qué pensamientos están apareciendo. Eso genera una brecha que aunque parezca poca cosa, no lo es.
Una vez que son visibles, pierden el poder del automatismo, y tú encuentras el espacio necesario para cuestionar, pensar, ver opciones y salir de los patrones habituales.
Este es el punto de partida del trabajo que hacemos en Mente Resuelta.
Ese primer paso de observar tus pensamientos es fundamental… pero no basta. A lo mejor has probado otras cosas, como pensar en positivo (o intentarlo), repetir afirmaciones, intentar dejar tu mente en blanco… y es posible que no te haya funcionado, o no del todo.
Te digo esto porque ya pasé por todo ello, y vi que faltaba algo. Y era trabajar con aquello que se ve.
Ver la mente es el inicio de un trabajo que consiste en distinguir, cuestionar, y dejar de seguir automáticamente todo lo que aparece.
Mentemorfosis, el paso que faltaba
De todo lo vivido y aprendido surgió el método Mentemorfosis, con el que desarrollo el trabajo en Mente Resuelta.
Con él se aprende a distinguir elementos que antes eran transparentes, a encontrar los juicios en las palabras, a entender lo cruciales que son las creencias, y cuánto nos afectan las conclusiones que producen, y a cuestionar cosas que normalmente, damos por hechas.
El trabajo con Mentemorfosis no siempre es igual.
A veces, desenmascarando una interpretación que no se ajustaba a un hecho, otras, revelando que una experiencia del pasado se volvió una conclusión general, sin preguntar, y otras, percibiendo un mecanismo que te hace repetir una y otra vez la misma respuesta de siempre.
Lo que cambia es que no todo lo que aparece se convierte automáticamente en verdad o respuesta.
A medida que se hace el trabajo, tienes más capacidad de discernir qué hay en tu cabeza y más margen antes de dar algo por bueno o por hecho.
El cambio no es de un día para otro. Son procesos que a menudo, necesitan tiempo y capas.
No vas a dejar de pensar, ni de interpretar, porque eso es lo que la mente está preparada para hacer. La diferencia radica en qué era antes invisible para ti y ya no lo es, y en el espacio que hay para decidir antes de responder.
El resultado no es una mente en blanco, carente de interpretaciones o juicios.
Es una mente resuelta, que desempeña su función sin dirigirlo todo.
Una mente resuelta deja de dirigir toda tu vida.
Otra forma de leer el silencio
Traigo de nuevo la situación del comienzo: el mensaje que has enviado y del que no ha llegado ninguna respuesta.
Si estuvieras viendo lo que aparecía en tu mente, podrías separar el hecho de la interpretación, pensar que hay muchos motivos por los que esa persona no te ha contestado, que probablemente no tienen nada que ver contigo, y dejar de preocuparte.
Le podrías dar el tiempo que necesite para contestar, sin crear ningún drama, sin juicios y sin echar barro encima de nadie.
Si esto te resuena, es lo que podemos hacer juntos. Aquí puedes ver mi acompañamiento individual y solicitar una conversación.
Un abrazo

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