Marina L.

Adiós 2020

Adiós 2020

¡Adiós, 2020!

Este tumultuoso año se acaba y vamos a despedirlo con ganas, no me cabe duda.

Y quiero hacerte una pregunta:

¿Qué es lo mejor que te ha pasado en 2020?

Porque no todo habrá sido negativo, ¿verdad? Pero nuestra memoria es selectiva, y tiende a recordar más fácilmente aquello que está unido a una emoción, tanto buena como mala.

Hoy quiero compartir contigo un ejercicio que suelo hacer en estas fechas.

Hace ya años que hago una revisión del año, un balance de lo que ha ocurrido a lo largo de los últimos 12 meses, para después establecer los objetivos para el próximo año.

Esto me ayuda a tomar consciencia de las cosas con una cierta perspectiva, y es el punto de arranque para fijar los objetivos del año siguiente.

Me resulta muy interesante fijar los aprendizajes, decidir qué no quiero que continúe en mi vida y también, qué quiero traer conmigo al próximo año. ¡Y me doy cuenta de lo rápido que olvido algunas cosas! Gracias a este ejercicio, las recuerdo con más claridad y recupero algunas ideas, objetivos y costes de las acciones que he tomado (o no)  a lo largo de los últimos 365 días.

Te propongo que este año hagas tu también este ejercicio. En primer lugar, una revisión de cómo ha sido este año para ti, y verás que, por muy convulso que haya sido y aunque no sea lo primero que te venga a la cabeza, también encontrarás cosas buenas. Se trata de hacerse algunas preguntas y ser honesto consigo mismo.

También aprovecho esta reflexión para cerrar ciclos, ya que aligera la carga y me permite entrar más liviana en el próximo año.

¿Te animas a hacerlo?

Para ayudarte en este cometido, he preparado para ti un cuaderno de trabajo con lo que necesitas para llevar a cabo esta revisión y cerrar 2020 de la mejor forma posible. Puedes descargártelo aquí.

Que el nuevo año te traiga todo lo necesario para que tus sueños se hagan realidad.

Feliz 2021

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¿Hablando se entiende la gente?

¿Hablando se entiende la gente?

¿Hablando se entiende la gente?

Eso es lo que dicen, que hablando se entiende la gente, pero a menudo no es así.

¿Te has encontrado alguna vez con esta situación? Comienzas una conversación y al cabo de un rato te das cuenta de que no tienes opción de decir palabra, como mucho, algún monosílabo que otro, mientras que “el otro”, no para.

Hablar sin pausa implica la ausencia de escucha. Y aquí es donde la conversación se convierte en un monólogo y la comunicación deja de existir. Es literalmente imposible que quien habla llegue a averiguar cuáles son tus intereses. Y si no coinciden con los suyos, ¿cuál es el sentido de ese diálogo monólogo?

¡Cuán distinto sería nuestro discurso (y entiéndase aquí: nuestra conversación, exposición, argumentación…) si escuchásemos más y habláramos menos!

Una conversación, al igual que una conferencia, presentación o cualquier otro formato que nos interese, será efectivo sólo si tenemos en cuenta las necesidades e inquietudes de aquellos a los que nos dirigimos. Y esto difícilmente lo sabremos a no ser que les escuchemos.

Pero siento decirte que esa no es la tónica general.  Unas veces por hablar en exceso y otras porque, aunque oigamos, no escuchamos lo que en realidad nos quieren decir. ¿Alguna vez te has descubierto a ti mismo no prestando atención a quien te habla, y  estar pensando en lo que tu quieres decir?

Porque no es lo mismo oír que escuchar, aunque habitualmente utilicemos estas dos expresiones de manera indistinta. Y esto genera cantidad de conflictos, malentendidos, interpretaciones sesgadas, y distanciamiento entre las personas.

Oír lo hace el ser humano y otros muchos animales, ya que por nuestras características biológicas tenemos capacidad de oír sonidos, en diferentes rangos de frecuencias. Por ejemplo, los perros y gatos son capaces de escuchar un rango más amplio de vibraciones que el ser humano y los delfines o murciélagos son quien lo tiene más amplio.

Sin embargo, escuchar es un fenómeno diferente en el que además de oír, interpretamos.

Interpretamos las palabras, por supuesto, aunque no siempre esto coincide con lo que quien las emite pretende hacernos llegar. Y también los silencios. La interpretación que hagamos dependerá de nuestra historia, nuestras creencias y expectativas (de esto hablaremos en otro post), y también de otros factores de percepción que no son exclusivamente el auditivo:

  • Gestos faciales
  • Movimientos
  • Contacto visual
  • Voz
  • Postura
  • Respiración

Todo ello será percibido por nuestros diferentes sentidos y si no es coherente con nuestras palabras, nuestro mensaje automáticamente perderá fuerza.

Un ejemplo: Podemos encontrarnos con que la sonrisa de nuestro interlocutor no parece muy genuina. Si te fijas en la foto de la cabecera, verás a Laurel y Hardy, también conocidos como El Gordo y el Flaco, famosos cómicos de los años 20 y 30 del siglo pasado. Hardy, el gordito, tiene una sonrisa real, sentida (también llamada de Duchenne), mientras que Laurel tiene una sonrisa fingida, no emocional. La diferencia entre una y otra, además de que una es natural y la otra no, es que cuando sonreímos de verdad porque sentimos alegría, se activa de forma involuntaria el músculo orbicular de los ojos, mientras que cuando forzamos la sonrisa, esto no ocurre. Y quien lo ve, a veces inconscientemente, lo percibe.

Estos datos llegan hasta nuestro oyente/audiencia e influyen aumentando o disminuyendo, según como sea percibida, la veracidad de nuestras palabras.

Otro ejemplo: ¿Qué ocurre cuando la persona con la que estamos hablando no nos mira a los ojos, sino a cualquier otra parte? Pues que difícilmente confiaremos en ella.

Por eso es muy importante ser natural, hablar con pasión, y que nuestros gestos sean coherentes con el mensaje que queremos transmitir: todo ello será “escuchado” (es decir, interpretado) por nuestro interlocutor o nuestra audiencia.

Como decía Nietzsche:

“Se puede mentir con la boca, pero la expresión que acompaña a las palabras dice la verdad”.

Imagino que en este periodo navideño vas a hablar mucho con tus allegados. Casi seguro será de una manera muy diferente a otros años, pero sea cual sea el medio que utilices para hablar con ellos, presta atención a cómo se desarrollan las conversaciones en tu entorno (¿o son más bien monólogos?) y haz lo posible por conectar de la mejor manera con cada persona que hables.

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A revueltas con el dinero

A revueltas con el dinero

A revueltas con el dinero

La educación financiera es la clave

Me ha tomado muchos años cambiar algunos esquemas de mi vida, y el que se lleva la palma, es el de las finanzas.

Darse cuenta de hasta qué punto limitan nuestras creencias es un momento "¡eureka!", de esos que las verdades caen como piedras aplastando tus patrones obsoletos. Los mismos que has seguido a rajatabla toda tu vida, dándolos por buenos. Y es un punto de inflexión, porque comprendes que tienes la capacidad de cambiarlo.

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“Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir.”

Françoise Sagan

Cerrando puertas
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Es urgente

Es urgente

ES URGENTE …

Es urgente no dejarnos llevar por la corriente.

Así comienza la idea de este blog, de este sitio que ojalá algún día lo sientas como tu casa.

Es una idea por muchos años macerada, con el aderezo pertinente: un alma inquieta, buenas dosis de rebeldía y gran fortaleza para perseguir mis sueños.

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Publicado por Marina L. en Desarrollo Personal, 0 comentarios